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                                   LA ESPERANZA DIVINA VENCE EL TEMOR

Cuando un consagrado pastor estaba a punto de bautizar a un nuevo creyente, notó que aún tenía una cartera llena de billetes en su bolsillo. Le preguntó si había olvidado dejar su dinero en un lugar seguro al cambiarse, y recibió esta respuesta: “Mi dinero y yo seremos bautizados”. Este hombre había captado el verdadero espíritu del cristianismo: dar para ayudar a otros. El cristiano crece al dar, y por eso es que Jesús dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). Lo que damos por adelantado para el reino de Dios tiene valor eterno. “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino HACEOS TESOROS EN EL CIELO... Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. —S. Mateo 6:19-21.

Al dar debemos recordar que “De Jehová es la tierra y su plenitud” (Salmos 24:1), incluyendo el oro y la plata (Hageo 2:8). Pertenecemos a Dios porque él nos creó y nos rescató de nuestros pecados, al pagar con su sangre el precio de nuestra maldad (1 Corintios 6:19-20). Pertenecemos a Dios porque él nos da la habilidad para hacer las riquezas (Deuteronomio 8:18). ¿Cuánto nos pide nuestro crucificado y resucitado Señor para llevar el evangelio a otros? “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros DIEZMOS Y OFRENDAS... Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice JEHOVÁ DE LOS EJÉRCITOS, si no os ABRIRÉ LAS VENTANAS DE LOS CIELOS, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. —Malaquías 3:8-10. El diezmo es la décima parte de nuestras entradas (Deuteronomio 14:22; Génesis 28:22). Para el agricultor o comerciante, la ganancia es lo que queda después de deducir los gastos; para el empleado u obrero, es todo su salario. El diezmar es un principio moral porque tiene que ver con el carácter. Si no devolvemos el diezmo, estamos “robando” a Dios. El diezmo pertenece a Dios y se usa exclusivamente para sostener el ministerio de Cristo (1 Corintios 9:14), y terminar su obra aquí en la tierra para que él pueda regresar (S. Mateo 24:14). ¿ Cuánto debemos dar en ofrendas? Las ofrendas son un asunto de decisión individual. Cada persona “dé como propuso en su corazón” (2 Corintios 9:5-7). “Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo”. —S. Lucas 6:38.

Un evangelista relataba esta experiencia: “Un jugador empedernido asistió a mis reuniones en Los Ángeles, y nunca olvidaré el momento cuando hablé con él. Sacó quinientos dólares de su bolsillo, me los dio, y dijo: ‘Este es mi primer diezmo’. “Su situación económica era mala, pues lo único que había hecho era jugar durante treinta o cuarenta años. Y le dije: ¿De qué va a vivir? “Me respondió, ‘Solamente me quedan cinco o seis dólares, pero pertenecen a Dios’. “Pregunté nuevamente, ¿Qué va a hacer, entonces? “‘No lo sé, me respondió. Lo único que sé es que tengo que dar mi diezmo a Dios, y él se hará cargo de mí. “Ciertamente, Dios lo hizo. El arrepentimiento del hombre era sincero. Permaneció fiel y fue un cristiano feliz. Dios proveyó para él hasta el día de su muerte”. Dios no promete a sus hijos fieles riquezas. Pero tenemos la seguridad de que nuestro Creador suplirá las necesidades de nuestra vida. Cristo dio todo por nosotros. Entreguémosle, ahora, nuestros corazones sin reserva alguna. Compartamos a Cristo con nuestros semejantes por la forma como vivimos y pensamos, por nuestra apariencia personal, con nuestras acciones y con nuestra dadivosidad.
Descubriremos el gozo de compartir a Cristo con otros y de crecer en su maravillosa gracia.

                                                           David Murillo

                                                    Presidente del Ministerio





                                       










       

 

 





 


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